La sutileza nórdica a flor de piel impregna esta película dirigida
por el noruego Joaquín Trier y ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera de este año. Está cargada de silencios, de angustia y soledad que sus
protagonistas viven en una casa, -personaje principal de esta producción-,
donde se cuestiona a un padre ausente que abandonó a sus hijas y a su esposa,
después de que su madre murió allí. Todo un poema es este drama donde se extraña
más el ruido que la quietud y los momentos íntimos que exhiben las dificultades
de tres generaciones sumergidas en el dolor ante lo allí vivido.
Dos hermanas, Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter
Lilleaas), se reencuentran con su padre que ha estado alejado de ellas por
muchas décadas, después de la muerte de su madre. Regresa entonces Gustav Borg (Stellan
Skarsgård), un director de cine que todavía goza de cierto renombre, buscando a
su hija Nora, una actriz de teatro, para ofrecerle el papel principal en su
próxima película. Escribió el guion para ella y quiere que su producción sea la
obra maestra del final de su vida. Nora se niega y se encierra en sus recuerdos
y tristezas que siempre la han debilitado, evitando la presencia de Gustav cada
vez que él llega a la casa. Por su parte, Agnes la hermana menor, una historiadora que hace investigaciones sobre crímenes de guerra y sobre el suicidio de su abuela -tema presente en la película de su padre- que vive en la casa con su esposo e hijo pequeño también se siente afectada por la presencia del padre. Sin embargo, acepta sus visitas y aunque sus recuerdos son también dolorosos, siempre estuvo abrigada por el cariño y la protección de su hermana mayor. ¿Qué pasará en esta casa y cómo
evolucionará la relación entre los personajes de esta familia unida solo por un
vínculo social y de sangre?
El título de la película, al parecer cargado de sentimiento, tiene para el espectador un mensaje lleno de ironía y de esperanza ya que confunde perdón con rechazo, y afecto con culpa y compasión. Se busca un reencuentro que moverá muchas fibras llenas de odio guardado por años y del íntimo deseo de que se redima el amor perdido. El padre necesitará recuperar la confianza de sus hijas a las que ama, pero que olvidó por dedicarse a su arte para evitar momentos dolorosos con su familia cuando vivió en la casa. Así, el director de Valor Sentimental intentará mostrar cómo el arte puede ayudar a sanar y ser una medicina para el alma porque el arte ayudará a evocar emociones que las palabras jamás podrán expresar, como bien lo dice su definición.















