"Desde su estreno, la película se volvió un verdadero ícono de la filmografía argentina feminista, por su defensa de los derechos reproductivos de las mujeres". D.F.
Una agresión a una persona indefensa, a la que se le vulneran
sus derechos como mujer, es el tema de esta película argentina del año 2025,
dirigida por Dolores Fonzi. Muestra en ella lo que es la violencia obstétrica
combinada con la discriminación por género y clase social, alrededor del año 2014, en este país latinoamericano. Aunque
fue señalada por la Academia de las Artes y la Ciencias Cinematográficas de Argentina
como candidata al Oscar a Mejor Película Extranjera, no logró la nominación
final; en cambio, sí recibió muchos premios como el Goya a Mejor Película
Iberoamericana, y la Mejor Interpretación de Reparto en el Festival de San
Sebastián.
Belén, protagonizada por la
actriz tucumana Camila
Pláate, ingresa a un hospital por fuertes dolores abdominales, va al baño y descubre
un sangrado abundante producto de un aborto espontáneo. El personal del
hospital hace la denuncia ante la policía ya que asegura haber encontrado un
feto en el baño. De inmediato, es detenida por homicidio agravado, dejando a su
madre que la acompañaba en completa angustia. Belén va a prisión preventiva por
dos años y luego la sentencia es de ocho años de encierro, sin pruebas judiciales
ni soportes médicos. Por fortuna, la abogada Soledad Deza asume su defensa,
papel protagonizado por la misma directora quien se enfrentará a
un sistema judicial corrupto que condena a las mujeres débiles y desamparadas. Este
caso sale a la luz pública cuando es conocido por los medios de comunicación y logra
encontrar el apoyo de movimientos feministas bajo el lema “Todas somos Belén”. Larga
será la lucha de esta defensora de familia, comprometida con la causa y el
apoyo a la familia de Belén. Será también el inicio para dar los primeros pasos
de la legalización del aborto en Argentina.
En el libro “Somos Belén” de Ana Correa, publicado en el año 2019, aparece esta historia cuyo guion fue redactado por la misma directora, en compañía de la investigadora Laura Paredes. En él se describe esta situación judicial acaecida el 21 de marzo de 2014, cuando se dio comienzo a la llamada Pesadilla en Tucumán. La crítica valora el manejo del tema de esta película, sus recursos dramáticos, las actuaciones de sus protagonistas y el empleo del cine como herramienta política. Un drama judicial bien llevado a la pantalla en el que el espectador experimenta la negación de los derechos de un cuerpo que no tiene voz ni voto, y la fatiga y el desgaste emocional de quien se empeña en salvarlo.
