Imposible pasar por la vida de Van
Gogh sin poder apreciar la de Paul Gauguin. Ambos nos ilustran un momento que
fue crucial en la historia de la pintura y que dejó huellas indelebles de estos
grandes artistas: el postimpresionismo. Gauguin, llamado por una fuerza del
universo y de energías arquetípicas, abandona su vida cómoda en París, su
empleo próspero como corredor en la bolsa de valores –antes había sido marino mercante- y su familia
compuesta por una esposa danesa y cinco hijos. El artista no quiere cosas
materiales, se enfrenta a la religión, evade los convencionalismos sociales de
su época y deja todo por hacer lo que le gusta. Va tras el arte, esa búsqueda
de la perfección, de la belleza y de la trascendencia del ser humano. Aparece
entonces el arte en contraposición de la subsistencia del mismo artista y de su
desempeño como padre de familia. Dos ejes que siempre están presentes en esta
película y que Gauguin es incapaz de armonizar: Su decisión de ser pintor y su
empeño de ser parte importante de una familia. Se le llamó “El maldito
genio” y “El artista salvaje”, y representa esa lucha entre el realismo y
el idealismo, y entre lo que se tiene y lo que desea.
...Soñar despierto es más o menos lo mismo que soñar dormido.
El sueño dormido es a menudo más audaz, a veces un poco más lógico... Paul Gauguin
A los 26 años empieza sus contactos
cercanos con el mundo de la pintura a través de Pissarro quien conoce su primer
cuadro y le augura un futuro exitoso.
Arriesga su tranquilidad y su vida cómoda en París para alcanzar sus sueños y
pronto se ve inmerso en una aventura que lo transportará a lugares primitivos y
salvajes, lejos su cultura y de su mundo. Busca un cambio y evade la
civilización europea que considera demasiado “artificial y convencional” para
llegar a regiones como los mares del Sur, Tahití y otras islas de Polinesia.
Allí abandona los ideales postimpresionistas y emprende una búsqueda de los
orígenes de la pintura, un interés inusitado por la forma y el color, un
estudio de la simplicidad de su arte, y una expresión de temas exóticos
cargados de bellas mujeres, de una naturaleza salvaje, y de mitos y leyendas. Se
convierte en un artista con un sentido espiritual muy marcado. Repetidas veces
regresa a París pobre y enfermo, y cuando cree que por fin su pintura es
aceptada en los medios artísticos, recibe una burla que lo deja humillado. Ante
este fracaso regresa a los Mares del Sur a continuar su sueño: la búsqueda del
paraíso para expresarlo en su arte, ya no el dinero. En las costas de Tahití
comulga con los ideales de los nativos, se acompaña de muchachas aborígenes, pinta sus dioses construidos en madera,
y sufre con ellos la persecución de los misioneros y la intromisión occidental
en las islas. Su colosal pintura y su testamento artístico y espiritual “¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Hacia
dónde vamos?”(1897) parece la condensación de todas sus obras ya que muestra
en ella su doctrina filosófica y pictórica, y expresa en lo primitivo el camino que debe seguir
el artista. Sigue pintando solo y enfermo, y muere en las Islas Marquesas en
1903 a la edad de 55 años.
"La
virtud, el bien, el mal no son más que palabras,
a menos que uno las extraiga para construir algo con ellas;
y no obtienen su verdadero sentido hasta que uno
sabe cómo aplicarlas". Gauguin
Una buena adaptación de la vida y obra
de Paul Gauguin hecha en el 2003 por el director Mario Andreacchio en una producción de 89
minutos. Cuatro países comparten esta producción: Inglaterra, Australia, Francia
y Alemania. Una película que se ubica en el siglo XIX y es protagonizada por
Kiefer Sutherland y Natassja Kinski con el título original de Paraíso encontrado.